viernes, 26 de octubre de 2007

[Derechos de pequeños, no pequeños derechos]


Después de un día un poco tenso por la presentación de un trabajo sobre maltrato infantil, me tocó justamente, gracias al transantiago nuevamente por supuesto, presenciar una escena para mi conmovedora, que por lo demás creo que era la idea.

Un hombre chinchinero giraba mientras golpeaba a un ritmo que por momentos era desorganizado por los tímidos golpes que daba en su chichín la pequeña que lo acompañaba. De inmediato pensé en que la menor podría estar jugando con tantas cosas así como seguramente en ese momento lo estaban haciendo mis queridos sobrinos. Pero su realidad se limitaba a mirar el cielo a ratos, en otros observaba a la gente que como yo formábamos parte de la fila que nos permitía ser testigos de aquel show callejero característico de nuestra ciudad; y ya después de ciertos golpes la pequeña miraba a su padre, suponiendo que era esa la relación, como queriendo decirle “¿Ya?”, hasta que el hombre afirmó con la cabeza y ella se alejó. Luego de eso me quedé observando las destrezas del hombre quien seguía dando vueltas creando su propio ritmo, mientras me preguntaba por la niña que hace un rato estaba junto a él. Estaba justamente en eso cuando un golpe de un pequeño bombo llamó mi atención del otro lado de la fila y al voltearme fue que descubrí esos pequeños ojos sin expresión ni sonrisa, sólo acompañados de una mano que estirada afirmaba un sombrero… Y lo pensé, en mi bolsillo tenía el vuelto del almuerzo y en mi cabeza la confusión. Por un lado pensaba que al darle dinero a la pequeña estaría fomentando el aprovechamiento de sus padres sobre ella, a parte que dudo que esa plata vaya directamente a ella. Pero por otra parte pensé que mientras antes juntaran la plata del día, menos se demorarían en volver a su casa, con lo que la niña quedaría libre de su “trabajo”, así que puse la mano en mi bolsillo, saqué las monedas y las dejé caer sobre el sombrero que la pequeña llevaba, con la esperanza de que el agradecimiento que tuvo la niña con mi gesto haya sido desde ella y no como un ritual más de su tarea.


Artículo 6: Todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida y es obligación del Estado asegurar la supervivencia y el desarrollo del niño.
Artículo 31: Los niños tienen derecho al descanso, al esparcimiento, al juego y a participar en actividades artísticas y culturales.
Artículo 32: Los niños tienen derecho a estar protegidos contra el desempeño de cualquier trabajo que ponga en peligro su salud, educación o desarrollo.
La Convención sobre los Derechos del Niño

La idea me quedó dando vuelta, sobre todo por lo que mencionaba al comienzo, ya que inmediatamente relacioné el hecho con los tipos de maltrato que trabajamos durante la investigación. Ahí reconocimos que según la UNICEF, en el año 2000 el 73,6% de los niños en Chile eran maltratados. Han pasado 7 años desde entonces y no quiero ni imaginar como es la situación actual, pero da para pensar, sobre todo cuando nos escandalizamos por los niños visiblemente golpeados y olvidamos a todos aquellos pequeños que emocionalmente dejan de ser niños a la fuerza por la realidad de su entorno.
Pero eso no fue todo, mientras escribía esto sentada en una micro, unas cuadras más allá un hombre estaba tirado en el suelo mientras era asistido de emergencia por las personas que lo rodeaban. Volví a pensar, como muchas veces, en la fragilidad de la vida, en la pequeña que momentos antes me había conmovido y en la necesidad y el derecho que tiene ella como todos nosotros, de aprovechar cada instante de su vida, sobre todo a esa edad cuando jugamos a cambiar el mundo…


…así como otros, que siendo “grandes” tenemos alma de niño.

La canción de siempre…

//Cambiar el mundo – Alberto Plaza//

martes, 25 de septiembre de 2007

[Contradicciones del amor]

La noche pasada soñé con una muerte y dicen que esto representa un cambio de vida o por lo menos el deseo de que ocurra. Pero hay ocasiones en las que por más que nos hablen los sueños, los amigos, el tarot, la Biblia, la medicina, la mente y hasta el mismo corazón que pide a gritos ser sacado de su dolor con ganas de volver a vivir… nos quedamos mirando la misma puerta de siempre sin escuchar ni ver que se abrieron muchas otras.
Las contradicciones vuelven y buscamos hasta la más mínima excusa para salvar aquello que creemos nos hace bien, cuando en realidad nos hace daño… ¿o será que ese daño en el fondo nos hace bien para descubrir que vivimos? Si hasta en esto mismo me contradigo, pero es que… ¡no hay nada más contradictorio que el amor!


El otro día conversando con alguien del tema recordé que Quevedo decía:

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo,
enfermedad que crece si es curada.
Este es el niño Amor, éste es tu abismo.
¡Mirad cual amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Creo que si alguna vez alguien ha sentido amor no puede negar esta contradicción tan marcada y nos preguntamos ¿Si el amor es un don, como puede ser también una aflicción?
¿Alguna respuesta? Yo no las tengo, eso esta claro, pero me preocupa, sobre todo porque generalmente la balanza se inclina hacia lo negativo de esta contradicción. Me preocupa porque tengo sueños extraños, mis amigos me llenan de consejos, mi mente se opone al corazón, busque respuestas en una tarotista, en las palabras de la Biblia, en un doctor, faltándome sólo un psicólogo, que seguro me dirá lo mismo que los anteriores. Y siempre llego a la misma conclusión, pero no hago nada para cambiarlo.

“El corazón tiene razones que la razón desconoce” (Pascal)

Pero, ¿Cómo lograr el tan anhelado equilibrio entre el corazón y la razón?
Sigo sin respuestas y resulta que me he reconocido hasta como una “masoquista de mierda!” después de darme cuenta que por lo mismo en un mismo día puedo alegrarme y llorar a la vez.

Al reconocerme masoquista me refería al dolor que busco sabiendo los resultados, con la ilusa esperanza hacer real un pensamiento mágico, como acostumbramos a pensar las mujeres, según lo que cuenta Pilar Sordo en el libro “¡Viva la diferencia! (…y el complemento también” [Recomendado totalmente!!! Gracias Isa :P]. Con esto quiero descartar el significado del término masoquismo que la RAE lo relaciona a lo sexual o lo que da placer acompañado de dolor. Entonces, buscando una alternativa para que no se mal entienda podría nacer aquí la idea un disimulado autoflagelamiento interior. Y al buscar información sobre esto me encontré con una frase de Fito Paez que dice:
"Cuando Dios te da un don, también te da un látigo y ese látigo solo esta bien para autoflagelarse”

Viene justo al tema ¿no?, después de reconocer el don del amor y el daño que nos hacemos por el mismo. Pero, ¿Cuál es el límite de este daño? ¿Hasta cuando permitimos el dolor?

Sea cual sea el límite, relacionar la idea de hacerse daño con el amor no me convence para nada, no creo que sea necesario tanto dolor para sentirse vivo, habiendo otras formas mucho más hermosas. El problema, o más bien mi problema, es que justo en esta parte soy mejor en la teoría que en la práctica y consejos puedo dar miles, pero aún no puedo con el cambio de vida que espero hace tanto tiempo.

Un cambio de vida necesario, todas las señales gritan eso.



¿Alguna idea?

jueves, 2 de agosto de 2007

Un poco de vida


[Historia de transantiago]

Él le tomó sus manos y le dijo: “Tápate los ojos y espérame aquí que ya vuelvo”. Dio algunos pasos y rodeo el kiosco de la esquina donde cambió un par de pesos por una rosa y volvió presuroso donde ella lo esperaba confiadamente con los ojos cubiertos. Al llegar, con la misma suavidad de los pétalos, le descubrió los ojos a ella, quien sonrió al sentir la textura y el aroma de tan delicada flor. Inmediatamente recibió tan inesperado gesto, envolvió con sus brazos a quien la había sorprendido, lo besó y mientras sus ojos brillaban se escucho en el aire… “te amo”.









...







Hay días en que el amor se apodera del aire…
Y aunque las flores según algunos sean una cursilería o hayan perdido su gracia, va en la forma, si es que nos sorprenden o no… a veces hasta una arrancada de la calle, vale más que un ramo que se espera para cierta ocasión.
Las flores son brotes de vida y regalar vida creo que es para desear que la otra persona descubra lo que realmente es vivir…
Quizás por eso los muertos se llevan las mejores, para mantener esa vida viva.
Quizás por eso que se la merecen aún más los muertos en vida, para que vuelvan a vivir.

Quizás por eso me gusta verlas por ahí o cuando aparecen de la nada para robarme sonrisas…



…porque me gusta vivir.

=)


PD: No, ahora no… no me sorprendería :P

sábado, 30 de junio de 2007

[Cine en su casa]



Lo más probable es que quienes se dedican al negocio de arrendar películas o aquellos que hacen la programación del cable, ni siquiera piensen que algunos distraídos espectadores no están valorando su trabajo. Para que hablar de quienes las crean y las producen con tanta dedicación, ya sea por negocio o por amor a su arte. Y tampoco podemos olvidar de aquellos sacrificados piratas que ponen todo su esfuerzo, no quizás en copiar las películas, si no en imprimir esas coloridas carátulas que tanto nos llaman la atención desde el suelo de nuestra querida capital.
Pero bueno… a lo que iba.
Quiero referirme a los distraídos de los que hablé anteriormente y digo distraídos, porque quiero pensar inocentemente y no ofenderlos, aunque en realidad debería incluirme, entonces corrijo: “para no ofendernos”…
Entonces, la preguntas es ¿Quién no ha escuchado o vivido el momento de indecisión al planificar un panorama? Nadie.
Familia, amigos, conocidos, desconocidos, pololos, amantes o cualquiera sea la relación lo más probable es que haya pasado por un momento como este, pero llama la atención que generalmente en las 5 últimas relaciones nombradas salga la inocente idea de el gran ¡cine en su casa! Y es aquí donde hago la conexión con la reflexión sobre las películas que hice en un comienzo y con los distraídos que más de alguna vez aceptamos la propuesta, cuando lo menos que hicimos fue verla. Y puede que incluso nos llegáramos a sorprender con la idea de que ni siquiera era necesario gastar plata en un arriendo, si no que bastaba con la casa y los “actores”…
Hay que ser realistas, aunque lo más probable es que sigamos disfrazando la realidad…

En todo caso, no es mi intención que piensen mal, creo que conozco muchos casos donde si resulta el panorama… era sólo una reflexión donde quería reconocer una realidad que nos rodea, que nos afecta y de la que nadie está libre, menos los o las inocentes que aún tienen la ilusa idea de realmente ver una película “a solas”, pudiendo caer cuando menos lo piensen.
Así que ¡cuidado!
La invitación también te puede llegar a ti.


PD: No vayan a creer que porque me reconocí distraída en algún momento de mi vida, mi presenté incluye pensamientos del pasado…
No, las cosas han cambiado. 0=)
Aún así, hay que reconocer también, que dependiendo la ocasión quizás pueda renacer mi pasión por el cine… o no? >=)

domingo, 24 de junio de 2007


Como siempre me quedé pegada admirando las imágenes de historias irreales llenas de magia con príncipes azules, hadas y finales felices. Donde existe el brillo en los ojos y los nervios en la piel cuando el amor se presenta triunfante entre personajes de una relación prohibida. Historias donde los héroes intentan salvar al mundo mientras besan de cabeza ocultando su identidad y un campo lleno de flores es el regalo perfecto para que un loco le confiese su amor a una comprometida rubia que ha visto sólo una vez en un circo. Relatos en donde se enfrentan dos fuerzas y el mal siempre queda por debajo del bien para que la palabra fin se pose bajo el beso de dos amantes que vencieron al mundo con su amor. Personajes de un autor que crea historias de fantasía al hacer una hipérbole de las pequeñas señales que muestra la realidad, exagerando sentimientos y dibujando sueños de ilusas mentes que aún creen en el amor.

Para que seguir engañándonos, si en esta realidad no existe la magia de los cuentos y todo lo que en algún momento pudo ser verdad, no fue más que otro lindo sueño…

Sigamos danzando entonces bajo sonrisas fingidas para que nadie nos pregunte por aquellas lágrimas que intentamos ocultar, si al final esta soledad ya no puede ser más oscura…

¿Qué más podemos perder?


Sigamos disfrutando entonces con nuestros finales infelices…


…o con nuestra falsa felicidad.

sábado, 16 de junio de 2007

Afuera llovía. Con mucho frío te esperaba sentada en el lugar acordado para días como este. El mismo lugar en que nos encontramos por “primera vez”. El mismo lugar de aquel día en que quisiste decirme que me amabas, pero ni tu ni yo aún sintiéndolo, lo pudo decir. Sí, aquel lugar. Sentía que cada minuto que pasaba era eterno, más aún cuando la estación se llenaba de gente y yo ansiosa con mi mirada buscaba verte llegar. Pero nada. Los minutos avanzaban, mientras mis nervios iban y venían dependiendo el flujo de personas que pasaran delante de mi. Buscaba tu caminar, tu ropa, tu sonrisa, pero no conseguía ninguna pista. Lo único que me distraía a ratos era sentir el aire que se aparecía con una entrada magistral desde el exterior con lo que el lugar se renovaba de esperanza para mí llenándome de suspiros. Se escucha otro tren, ya habían sido más de diez los contados, y volví a desear que vinieras en él porque la espera se estaba haciendo larga e incómoda. Salieron todos, excepto tú…. ¡Momento! ¡Ahí estás! Me buscas con la mirada y al encontrarme sonríes. Cruzas la puerta que nos separa y avanzas hacia mí. En el trayecto juegas a esconderte detrás de un hombre alto y yo no puedo evitar la risa. Y llegas. Te paras frente a mí sin decir nada, mientras yo acomodo tu pelo como es de costumbre. Sonríes otra vez, mientras intento disculparme por mi manía apretando mis dientes y arrugando mi nariz. Volviste a mirarme un poco mas “serio”, riéndote en el fondo. Bajaste la mirada, subiste las cejas y juntando los labios negaste unas cuantas veces con la cabeza. Y me reí, porque sabía que es estabas burlando de mi capricho y en cosa de segundos rodee tu cuello con mis brazos para mirarte de muy cerca y así no perder un segundo más. El día había sido eterno. ¡Te extrañaba tanto! Pero todo tiene su recompensa y el destino me había premiado con la dicha de verte. Por fin te tenía. Estabas frente a mí. Te miré a los ojos. Esos ojos que tanto me gustan. Esos ojos que acompañados de una sonrisa hacen que me deleite con las líneas de sus costados. Esos ojos que guardan al centro de sus marcos una cicatriz que nunca podría olvidar. Esos ojos que me hablan cuando el resto del mundo se detiene. Esos ojos donde me encontré. Sí, me encontré, dentro de ti. Entonces, no fue necesario decir nada más y luego de admirarte te besé. Te besé…





…te besé en el aire porque en realidad no estabas ahí. Mis ganas de verte fueron la excusa perfecta para que me traicionara la imaginación. Me sentí tonta… ¡estúpida! Y en cosa de segundos me llené de imágenes de aquel accidente. Los recuerdos de tu muerte me trajeron de golpe la realidad, mientras me inundaba un vacío tan grande que me dieron ganas de llorar, pero la multitud que iba y venía no hubiera hecho nada para calmar mi tristeza. No había nadie que te trajera de vuelta. Nadie. Y me guardé todo, incluso las lágrimas. Respiré profundo y seguí. Seguí caminando sin ti. Seguí…





…quizás te encuentre en alguno de los otros lugares que solíamos visitar. Lo más probable es que por la lluvia hoy no hayas podido llegar.


[Locura después de la muerte]

martes, 12 de junio de 2007




[Cada mañana]


El despertador. Está bien, es hora de comenzar. Hace frío, espero que el agua de me de un poco de calor. ¿Que vestiré hoy? Lo pensaré en la ducha, para no atrasarme luego con esas indecisiones que me recuerdan que soy mujer. Hagamos esto rápido, no me quiero enfriar más, pero el agua se tarda un poco en tomar el calor que necesita mi cuerpo para dejar de temblar. ¡Si pudiera quedarme aquí todo el día! Recuerdo cuando… ¡Ahhh mejor no pienso nada más! Se hace tarde, hay que continuar! ¿Qué me pondré hoy? Mi ropa favorita puede ser, quiero verme linda, quien sabe quizás hoy es el día y la primera impresión es importante. ¡Que ilusa, repito lo mismo todos los días! Voy a ponerme lo que primero encuentre, si al fin y al cabo veré a la gente de siempre en el mismo lugar. Mejor me apuro, una ilusión no excusa para un atraso. ¿Alcanzaré a desayunar? El reloj me anuncia lo contrario, si una ilusión no era excusa, para que pensar que un desayuno puede serlo, aunque cuando uno se enferma vienen todos los retos. En fin, mañana me levanto más temprano. Pero claro, si es que logro acostarme temprano… quizás debí hacer ese trabajo antes, siempre dejo todo para la última hora… ¡pero a quien engaño si anoche me quedé con el trabajo abierto pero no avance absolutamente nada! Como siempre estaba pegada a las letras sin poder hilar mis ideas, distraída con esa estúpida idea de... ¡A la mierda! Que tengo que estar pensando tonteras, definitivamente hoy me acostaré mas temprano. ¿Qué me falta? Bolso, trabajos, libros… ¡Música! Si, música para el viaje, así no tengo que estar escuchando los problemas de otros o los reclamos de la gente malhumorada. Además la música me hace viajar… ¡Puta la hueá! ¡Ya se hizo tarde otra vez, voy a tener que correr! ¡Y que tanto me preocupo si a veces cuando salgo tarde llego más temprano! ¿Quién puede comprender esa extrañeza del tiempo? Ya, mejor salgo por hoy, pero creo que mañana me daré el tiempo para tomar desayuno…. ¡Chao mamá!... Creo que mañana me despediré con un beso, ahora voy atrasada….
Hace frío, pero a la vuelta me acostaré temprano y se pasará. Es lindo el otoño, debería fotografiar este momento… ¡Aaaahhhh este maldito frío me está matando! Ahora recuerdo porque no me gusta esta estación ni el invierno, aunque no sería lo mismo si… ¡Pero no! Mejor me preocupo de pensar en lo que queda por hacer esta semana, así no dejo todo para última hora… tengo que estudiar para la prueba, dividir ese trabajo en grupo, preparar ese material… en verdad el otoño es muy lindo, esa perfección que tiene el viento para encargarse de botar todas las hojas para que puedan nacer hojas nuevas… ¿Qué más tengo que hacer para esta semana? ¡aaa si! El taller de eso, fotocopiar algunos textos y leer para la otra semana, así no dejo todo para última hora… última hora… última hora…

(…)

…¿Y si dejo de posponerme para última hora? ¿Si en vez de seguir este camino voy por otro distinto? ¿Si corro hacia donde quiera, para decir lo que quiera, haciendo lo que quiera? ¿Si dejo mis responsabilidades y voy a aquellos lugares mágicos que tanto me gustan? ¿Si tomo un bus y me voy a donde nunca he ido? ¿Si me devuelvo a tomar desayuno con mi madre para pasar el día juntas? ¿Si me voy de sorpresa a visitar a esa amiga que hace tanto no veo? ¿Si preparo un encuentro “casual” con aquella persona especial que no me atrevo a enfrentar porque seguramente no quiere saber de mí? ¿Si lo llamo y le propongo que nos escapemos por el día lejos de este mundo? ¿Si le demuestro con alguna locura que lo recuerdo con cariño por todo lo vivido? ¿Si me devuelvo a la casa y me acuesto para acabar con este frío que me mata? ¿Si me pongo a escribir todo lo que estoy pensando para que alguien lo lea y piense que no es único sumergido en la rutina?...

Seguramente buscaría como darle respuestas a estas preguntas. Seguramente al tomar otro camino descubriría una nueva forma de llegar a donde voy, porque las responsabilidades seguirían ahí. Seguramente correría unos metros sin saber donde ir, ni que decir, sin saber que hacer producto de los temores a los efectos. Seguramente después tendría más responsabilidades por no responder a las primeras y en aquellos lugares sólo pensaría en los efectos de desligarme de mis obligaciones y quizás, sólo quizás recordaría lo que fui y me hundiría un poquito más en esta soledad. Seguramente sentiría temor por andar por lugares desconocidos y extrañaría la compañía de… alguien. Seguramente me retaría por no ir a clases y el desayuno tendría un sabor amargo. Seguramente seguiría sin verla, su tiempo es escaso. Seguramente el encuentro “casual” no resultaría, porque las cosas forzadas no andan bien. Seguramente me diría que no tiene tiempo, ni plata, pero sobre todo me diría que ya encontró con quien escaparse a otro mundo. Seguramente las cosas seguirían igual o peor, donde no hay amor es imposible crearlo. Seguramente terminaría llorando con alguna película o con mis propios recuerdos. Seguramente escribiría algo como esto… para que finalmente no sea leído por nadie.

Llegué… es hora de entrar a clases y momento para hacerme cargo de mis responsabilidades. Seguramente responderé “bien” a quienes me pregunten como estoy…




PD: Al parecer a la vuelta tengo mucho que hacer, dudo que hoy me acueste temprano…