martes, 25 de septiembre de 2007

[Contradicciones del amor]

La noche pasada soñé con una muerte y dicen que esto representa un cambio de vida o por lo menos el deseo de que ocurra. Pero hay ocasiones en las que por más que nos hablen los sueños, los amigos, el tarot, la Biblia, la medicina, la mente y hasta el mismo corazón que pide a gritos ser sacado de su dolor con ganas de volver a vivir… nos quedamos mirando la misma puerta de siempre sin escuchar ni ver que se abrieron muchas otras.
Las contradicciones vuelven y buscamos hasta la más mínima excusa para salvar aquello que creemos nos hace bien, cuando en realidad nos hace daño… ¿o será que ese daño en el fondo nos hace bien para descubrir que vivimos? Si hasta en esto mismo me contradigo, pero es que… ¡no hay nada más contradictorio que el amor!


El otro día conversando con alguien del tema recordé que Quevedo decía:

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo,
enfermedad que crece si es curada.
Este es el niño Amor, éste es tu abismo.
¡Mirad cual amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Creo que si alguna vez alguien ha sentido amor no puede negar esta contradicción tan marcada y nos preguntamos ¿Si el amor es un don, como puede ser también una aflicción?
¿Alguna respuesta? Yo no las tengo, eso esta claro, pero me preocupa, sobre todo porque generalmente la balanza se inclina hacia lo negativo de esta contradicción. Me preocupa porque tengo sueños extraños, mis amigos me llenan de consejos, mi mente se opone al corazón, busque respuestas en una tarotista, en las palabras de la Biblia, en un doctor, faltándome sólo un psicólogo, que seguro me dirá lo mismo que los anteriores. Y siempre llego a la misma conclusión, pero no hago nada para cambiarlo.

“El corazón tiene razones que la razón desconoce” (Pascal)

Pero, ¿Cómo lograr el tan anhelado equilibrio entre el corazón y la razón?
Sigo sin respuestas y resulta que me he reconocido hasta como una “masoquista de mierda!” después de darme cuenta que por lo mismo en un mismo día puedo alegrarme y llorar a la vez.

Al reconocerme masoquista me refería al dolor que busco sabiendo los resultados, con la ilusa esperanza hacer real un pensamiento mágico, como acostumbramos a pensar las mujeres, según lo que cuenta Pilar Sordo en el libro “¡Viva la diferencia! (…y el complemento también” [Recomendado totalmente!!! Gracias Isa :P]. Con esto quiero descartar el significado del término masoquismo que la RAE lo relaciona a lo sexual o lo que da placer acompañado de dolor. Entonces, buscando una alternativa para que no se mal entienda podría nacer aquí la idea un disimulado autoflagelamiento interior. Y al buscar información sobre esto me encontré con una frase de Fito Paez que dice:
"Cuando Dios te da un don, también te da un látigo y ese látigo solo esta bien para autoflagelarse”

Viene justo al tema ¿no?, después de reconocer el don del amor y el daño que nos hacemos por el mismo. Pero, ¿Cuál es el límite de este daño? ¿Hasta cuando permitimos el dolor?

Sea cual sea el límite, relacionar la idea de hacerse daño con el amor no me convence para nada, no creo que sea necesario tanto dolor para sentirse vivo, habiendo otras formas mucho más hermosas. El problema, o más bien mi problema, es que justo en esta parte soy mejor en la teoría que en la práctica y consejos puedo dar miles, pero aún no puedo con el cambio de vida que espero hace tanto tiempo.

Un cambio de vida necesario, todas las señales gritan eso.



¿Alguna idea?