
Después de un día un poco tenso por la presentación de un trabajo sobre maltrato infantil, me tocó justamente, gracias al transantiago nuevamente por supuesto, presenciar una escena para mi conmovedora, que por lo demás creo que era la idea.
Un hombre chinchinero giraba mientras golpeaba a un ritmo que por momentos era desorganizado por los tímidos golpes que daba en su chichín la pequeña que lo acompañaba. De inmediato pensé en que la menor podría estar jugando con tantas cosas así como seguramente en ese momento lo estaban haciendo mis queridos sobrinos. Pero su realidad se limitaba a mirar el cielo a ratos, en otros observaba a la gente que como yo formábamos parte de la fila que nos permitía ser testigos de aquel show callejero característico de nuestra ciudad; y ya después de ciertos golpes la pequeña miraba a su padre, suponiendo que era esa la relación, como queriendo decirle “¿Ya?”, hasta que el hombre afirmó con la cabeza y ella se alejó. Luego de eso me quedé observando las destrezas del hombre quien seguía dando vueltas creando su propio ritmo, mientras me preguntaba por la niña que hace un rato estaba junto a él. Estaba justamente en eso cuando un golpe de un pequeño bombo llamó mi atención del otro lado de la fila y al voltearme fue que descubrí esos pequeños ojos sin expresión ni sonrisa, sólo acompañados de una mano que estirada afirmaba un sombrero… Y lo pensé, en mi bolsillo tenía el vuelto del almuerzo y en mi cabeza la confusión. Por un lado pensaba que al darle dinero a la pequeña estaría fomentando el aprovechamiento de sus padres sobre ella, a parte que dudo que esa plata vaya directamente a ella. Pero por otra parte pensé que mientras antes juntaran la plata del día, menos se demorarían en volver a su casa, con lo que la niña quedaría libre de su “trabajo”, así que puse la mano en mi bolsillo, saqué las monedas y las dejé caer sobre el sombrero que la pequeña llevaba, con la esperanza de que el agradecimiento que tuvo la niña con mi gesto haya sido desde ella y no como un ritual más de su tarea.
Artículo 6: Todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida y es obligación del Estado asegurar la supervivencia y el desarrollo del niño.
Artículo 31: Los niños tienen derecho al descanso, al esparcimiento, al juego y a participar en actividades artísticas y culturales.
Artículo 32: Los niños tienen derecho a estar protegidos contra el desempeño de cualquier trabajo que ponga en peligro su salud, educación o desarrollo.
La Convención sobre los Derechos del Niño
La idea me quedó dando vuelta, sobre todo por lo que mencionaba al comienzo, ya que inmediatamente relacioné el hecho con los tipos de maltrato que trabajamos durante la investigación. Ahí reconocimos que según la UNICEF, en el año 2000 el 73,6% de los niños en Chile eran maltratados. Han pasado 7 años desde entonces y no quiero ni imaginar como es la situación actual, pero da para pensar, sobre todo cuando nos escandalizamos por los niños visiblemente golpeados y olvidamos a todos aquellos pequeños que emocionalmente dejan de ser niños a la fuerza por la realidad de su entorno.
La idea me quedó dando vuelta, sobre todo por lo que mencionaba al comienzo, ya que inmediatamente relacioné el hecho con los tipos de maltrato que trabajamos durante la investigación. Ahí reconocimos que según la UNICEF, en el año 2000 el 73,6% de los niños en Chile eran maltratados. Han pasado 7 años desde entonces y no quiero ni imaginar como es la situación actual, pero da para pensar, sobre todo cuando nos escandalizamos por los niños visiblemente golpeados y olvidamos a todos aquellos pequeños que emocionalmente dejan de ser niños a la fuerza por la realidad de su entorno.
Pero eso no fue todo, mientras escribía esto sentada en una micro, unas cuadras más allá un hombre estaba tirado en el suelo mientras era asistido de emergencia por las personas que lo rodeaban. Volví a pensar, como muchas veces, en la fragilidad de la vida, en la pequeña que momentos antes me había conmovido y en la necesidad y el derecho que tiene ella como todos nosotros, de aprovechar cada instante de su vida, sobre todo a esa edad cuando jugamos a cambiar el mundo…
…así como otros, que siendo “grandes” tenemos alma de niño.
La canción de siempre…
//Cambiar el mundo – Alberto Plaza//
…así como otros, que siendo “grandes” tenemos alma de niño.
La canción de siempre…
//Cambiar el mundo – Alberto Plaza//
2 comentarios:
Este texto debera ser leido en 3 años más.
La pobreza de la época homérica aparece en numerosos pasajes de la Odisea.
Ante la puerta del palacio de Ulises, un viejo perro está echado sobre un montón de estiércol; el gañan del rebaño de cabras las conduce y mete en el palacio real, de muros de madera y suelo de tierra apisonada. La reina, fiel a su deber, está sentada a su telar y la princesa en persona va a lavar la ropa al río.
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